Conocerte en Zaragoza hace apenas unos meses fue para nosotros como desenterrar un tesoro, como descubrir que somos muchos aunque pocos, o pocos pero muchos los que aún seguimos pensando que la justicia social debe ser una realidad en los países del sur. Y decimos "debe", como si de un imperativo categórico se tratase, porque si un 10 % de la población concentra el 70% de las riquezas del mundo no podemos ya decir que deseamos una justa distribución de los recursos sino antes bien que la exigimos.
Y tú la exiges en tu hacer cotidiano, en tu día a día, caminando junto a tantos niños y niñas mutilados de guerra, huérfanos, enfermos, ... compartiendo sus vivencias, sus alegrías, sus pesares, ... que sabemos son también los tuyos.
Tu compromiso y tu fe, y el amor que manifiestas dices que te lo enseñó tu madre, y puede que así sea; solemos decir que "esas cosas se maman". Pero también está en tí el constante deseo de estar al lado de los más necesitados. Se puede ver en cada gesto, en cada expresión que utilizas que tu vida está hoy en día en Angola, en África, como lo estuvo antes en Brasil, o mucho antes en la antigua Yugoslavia...
Evidente es que tu caminar es largo, muy largo, lo que no se compagina con los años, ya que no tienes tantos. Ojalá la vida nos permita "crear lazos", nos permita "domesticarnos", así cada vez que sepamos que coges tu mochila, calzas tu sandalias y regresas por aquí a visitarnos, comenzaremos nosotros a ser un poco más felices por el sólo hecho egoísta, quizás, de volver a verte.
Te regalamos el mismo secreto que el zorro le regaló a El Principito: No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.