¡No! Permanecer y transcurrir
no es perdurar, no es existir
¡Ni honrar la vida!
Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia sin saber
adormecida...
Merecer la vida no es callar y consentir,
tantas injusticias repetidas...
¡Es una virtud, es dignidad!
Y es la actitud de identidad ¡más definida!
Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que vivir...
¡Honrar la vida!
¡No! Permanecer y transcurrir
no siempre quiere sugerir
¡Honrar la vida!
Hay tanta pequeña vanidad,
en nuestra tonta humanidad
enceguecida...
Merecer la vida es erguirse vertical,
más allá del mal, de las caídas...
Es igual que darle a la verdad,
y a nuestra propia libertad
¡La bienvenida!...
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que vivir...
¡Honrar la vida!
Poesía de Eladia Blázquez (24/02/1931 - 31/08/2005), compositora y cantante argentina.
Foto de Eduardo Atienzar.
18 de marzo de 2009
Honrar la vida
16 de marzo de 2009
Historias de vida

Cada inmigrante es un mundo
Madrid, 30 de septiembre de 2008
Mi nombre es Claudio Manuel João Antonio, Paiva para los amigos. Nací en Angola en marzo de 1985, en Luanda en un núcleo familiar estable, compuesto por 18 hermanos de los cuales ocupo la penúltima posición.
En aquellos tiempos el sueño de cada familia era poder ahorrar lo suficiente para andar a sus hijos fuera del país, para que continuasen construyendo su futuro fuera de aquella miseria, donde en algunas provincias padres mataban a hijos por un plato de arroz, donde la gente intercambiaba grandes electrodomésticos por alimentos y bienes de primera necesidad para sobrevivir. Por la falta de carreteras, ya no llegaban las mercancías y se había cortado la libre circulación de personas, bienes, y servicios. Habíamos dejado de vivir para limitarnos simplemente a sobrevivir.
No trascurrió mucho tiempo hasta que hice las maletas y emprendí mi viaje solo. Tenía entonces trece años. Mi familia me puso en un avión, con destino a Portugal. Tras 7 horas de vuelo e incertidumbre llegué a Lisboa. No tuve dificultades en comunicarme con los portugueses, pues compartimos el mismo idioma. Acto seguido me dirigí a la estación de autobuses y compré un billete hacia Madrid, donde supuestamente encontraría la paz, la tranquilidad y el bienestar. Fueron otras 9 largas horas de verdadero pánico, miedo y aflicción. Pasé la aduana sin control, y por fin llegué a Madrid.
Las autoridades competentes me llevaron a una Casa de acogida para menores de edad de los "Padres Mercedarios". El director era el padre Pablo. Allí pasé los siguientes cuatro años de mi vida. Éramos 12 chavales; todos de distintas nacionalidades, cada uno con su historia, su cultura, su religión, pero compartiendo el mismo techo, y la misma condición: la de inmigrantes.
No puedo dejar de hablar de dos personas que marcaron mi vida: Pilar y Carlos, un matrimonio ejemplar que me fortaleció día tras día, convirtiéndome en un miembro más de su familia. Ellos me sostuvieron, me enseñaron a levantarme de mis caídas, y me apoyaron en absolutamente todo, como a un hijo (que es lo que soy hoy).
Al contrario de ellos, también conocí a gente de muy mala fe, he tenido que enfrentarme a racistas, xenófobos, y gente que sólo se empeñaba en frenar mis pasos. En esta sociedad hay mucha gente agria y amarga, pero también muchas personas dulces, por eso no puedo generalizar, al hablar de los españoles, ya que no son todos iguales. Eso es algo que en general la gente no lo hace cuando hablan de los inmigrantes. Nos meten a todos en el mismo saco; como si de objetos se tratara. "los inmigrantes son.", "los inmigrantes han hecho...", pero no saben que cada inmigrante es un mundo, y son completamente diferentes. Cuando digo "nos meten", me incluyo porque aunque hoy tengo la nacionalidad española y cotizo para la Seguridad Social como cualquier ciudadano, hay muchos choques y discrepancias.
Para mí en el fondo todos somos inmigrantes, porque vivimos en un mundo que no nos pertenece, estamos sólo de paso, y nadie sabe explicar a qué tierra le lanzará el destino después de la muerte.
Madrid, 30 de septiembre de 2008
Mi nombre es Claudio Manuel João Antonio, Paiva para los amigos. Nací en Angola en marzo de 1985, en Luanda en un núcleo familiar estable, compuesto por 18 hermanos de los cuales ocupo la penúltima posición.
En aquellos tiempos el sueño de cada familia era poder ahorrar lo suficiente para andar a sus hijos fuera del país, para que continuasen construyendo su futuro fuera de aquella miseria, donde en algunas provincias padres mataban a hijos por un plato de arroz, donde la gente intercambiaba grandes electrodomésticos por alimentos y bienes de primera necesidad para sobrevivir. Por la falta de carreteras, ya no llegaban las mercancías y se había cortado la libre circulación de personas, bienes, y servicios. Habíamos dejado de vivir para limitarnos simplemente a sobrevivir.
No trascurrió mucho tiempo hasta que hice las maletas y emprendí mi viaje solo. Tenía entonces trece años. Mi familia me puso en un avión, con destino a Portugal. Tras 7 horas de vuelo e incertidumbre llegué a Lisboa. No tuve dificultades en comunicarme con los portugueses, pues compartimos el mismo idioma. Acto seguido me dirigí a la estación de autobuses y compré un billete hacia Madrid, donde supuestamente encontraría la paz, la tranquilidad y el bienestar. Fueron otras 9 largas horas de verdadero pánico, miedo y aflicción. Pasé la aduana sin control, y por fin llegué a Madrid.
Las autoridades competentes me llevaron a una Casa de acogida para menores de edad de los "Padres Mercedarios". El director era el padre Pablo. Allí pasé los siguientes cuatro años de mi vida. Éramos 12 chavales; todos de distintas nacionalidades, cada uno con su historia, su cultura, su religión, pero compartiendo el mismo techo, y la misma condición: la de inmigrantes.
No puedo dejar de hablar de dos personas que marcaron mi vida: Pilar y Carlos, un matrimonio ejemplar que me fortaleció día tras día, convirtiéndome en un miembro más de su familia. Ellos me sostuvieron, me enseñaron a levantarme de mis caídas, y me apoyaron en absolutamente todo, como a un hijo (que es lo que soy hoy).
Al contrario de ellos, también conocí a gente de muy mala fe, he tenido que enfrentarme a racistas, xenófobos, y gente que sólo se empeñaba en frenar mis pasos. En esta sociedad hay mucha gente agria y amarga, pero también muchas personas dulces, por eso no puedo generalizar, al hablar de los españoles, ya que no son todos iguales. Eso es algo que en general la gente no lo hace cuando hablan de los inmigrantes. Nos meten a todos en el mismo saco; como si de objetos se tratara. "los inmigrantes son.", "los inmigrantes han hecho...", pero no saben que cada inmigrante es un mundo, y son completamente diferentes. Cuando digo "nos meten", me incluyo porque aunque hoy tengo la nacionalidad española y cotizo para la Seguridad Social como cualquier ciudadano, hay muchos choques y discrepancias.
Para mí en el fondo todos somos inmigrantes, porque vivimos en un mundo que no nos pertenece, estamos sólo de paso, y nadie sabe explicar a qué tierra le lanzará el destino después de la muerte.
Claudio Manuel João Antonio (Paiva)
(Extracto de Cartas del Sur al Norte, PPC, Madrid 2009)
8 de marzo de 2009
feliz día

Te quiero
Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.
Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.
Tu boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía.
Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Y por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.
Y porque amor no es aurora,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.
Te quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso.
Si te quiero es por que sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Mario Benedetti
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ante un nuevo desafío
En este cuaderno queremos escribir nuestras experiencias en Angola, como una manera de estar más cerca de cada uno de vosotros/as. No sabemos aún lo que veremos, aunque podemos imaginarlo en sueños ... al principio sólo veréis información del país, la que vamos leyendo nosotros y que también queremos compartir. Lo mejor, claro está, vendrá después...
Y como diría Calderón de la Barca:
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,y los sueños, sueños son.
Ojalá cumplamos el nuestro...
Y como diría Calderón de la Barca:
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,y los sueños, sueños son.
Ojalá cumplamos el nuestro...
ANGOLA: Datos Básicos
Superficie: 1.246.700 Km2
Población: 11,6 M.
División político-administrativa: 18 provincias y 163 municipios.
Ciudades más importantes: Luanda, Huambo, Lobito, Benguela, Lubango, Malanje, Cabinda, Soyo.
Lenguas: Seis lenguas vernáculas de raíz bantú: kikongo, kimbundo, tchokwé, umbundo, mbunda, kwanyama.
Idioma oficial: Portugués.
Etnias: Ovimbundu 37% - Kimbundo 25% - Bakongo 13% - Otras 25%.
Religiones: Católicos 75%, Protestantes 15%, Religiones africanas 10%.
Moneda: Kwanza.
Producto nacional bruto: US$ 6,4 M (1995).
Fronteras: Congo/201 km - Namibia/1376 km - República Democrática del Congo/2511 km - Zambia/1110 km.
Costa: 1600 km (océano Atlántico).
Aguas territoriales: 20 millas náuticas
Área pesquera: 200 millas náuticas.
Repartición de las tierras: 2% Tierras cultivables - 23% Pantanos y pastos - 43% Selva - 32% Otras.
Población: 11,6 M.
División político-administrativa: 18 provincias y 163 municipios.
Ciudades más importantes: Luanda, Huambo, Lobito, Benguela, Lubango, Malanje, Cabinda, Soyo.
Lenguas: Seis lenguas vernáculas de raíz bantú: kikongo, kimbundo, tchokwé, umbundo, mbunda, kwanyama.
Idioma oficial: Portugués.
Etnias: Ovimbundu 37% - Kimbundo 25% - Bakongo 13% - Otras 25%.
Religiones: Católicos 75%, Protestantes 15%, Religiones africanas 10%.
Moneda: Kwanza.
Producto nacional bruto: US$ 6,4 M (1995).
Fronteras: Congo/201 km - Namibia/1376 km - República Democrática del Congo/2511 km - Zambia/1110 km.
Costa: 1600 km (océano Atlántico).
Aguas territoriales: 20 millas náuticas
Área pesquera: 200 millas náuticas.
Repartición de las tierras: 2% Tierras cultivables - 23% Pantanos y pastos - 43% Selva - 32% Otras.
